lunes, 19 de diciembre de 2016

TRABAJO BLOQUE 4 (primera parte)



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TRABAJO BLOQUE 3 (segunda parte)

Resultado de imagen de Paz de Westfalia y la Paz de los Pirineos.

Este mapa corresponde a Europa tras la Paz de Westfalia y la Paz de los Pirineos en el siglo XVII; es por tanto un mapa político.
 En él, se muestran en naranja -Castilla, Nápoles, Cerdeña, Sicilia, Luxemburgo, el Franco Condado y Saboya- los territorios en Europa que mantuvieron los Austria españoles; en marrón claro -Provincias Unidas de Holanda- las posesiones perdidas tras la paz de Westfalia en 1648; en verde -Rosellón y Artois- los territorios perdidos en la paz de los Pirineos en 1659; y en morado -Tirol, Bohemia y Austria- el imperio que formaron los Habsburgo de Viena.
Estos tratados suceden a raíz de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), un conflicto de carácter religioso oponiendo a protestantes y católicos, a la vez que fue un enfrentamiento contra el dominio en Europa por los Habsburgo. Todo ello comienza con la rebelión de protestantes de Bohemia en el imperio de los Habsburgo austriacos, a quien presta ayuda España, y los derrotan en 1620. Más tarde, se unen a los protestantes de Alemania Dinamarca y Suecia, y los tercios españoles vuelven a derrotarlos.
Sin embargo, cuando Francia decide aliarse con los protestantes, los tercios españoles son abatidos en Rocroi (1643). Es por esto que los adversarios, agotados tras la larga guerra y con el centro de Europa devastada, firman los Tratados de Westfalia (1648) donde acuerdan que los intereses de los Estados predominan sobre los del antiguo Imperio Germánico. No es hasta la Paz de los Pirineos (1659) cuando cesa la guerra con Francia y la monarquía española le entrega los territorios del Norte de los Pirineos- Rosellón y la Cerdaña-.
Por lo tanto, para España estos tratados conllevan la decadencia en su monarquía puesto que tiene que reconocer la independencia de la República de Holanda, mientras que para Francia suponen convertirse en la potencia hegemónica de Europa. A pesar de todo esto, la Guerra de los Treinta Años deja una Europa devastada, consumida y sin apenas recursos.

TRABAJO BLOQUE 3 (primera parte)

Pintores del Siglo de Oro español

El Siglo de Oro fue un periodo de esplendor en el arte y en la literatura española durante los siglos XVI y XVII. Empezó a mediados del Renacimiento con los Reyes Católicos, la conquista de América y la toma de Granada. Concluyó en el Barroco con Calderón de la Barca en literatura y Murillo en la pintura. Esta primera etapa se caracterizó por la exaltación de la naturaleza y lo natural como algo bello y verdadero, la búsqueda del equilibrio, la proporción y armonía y la influencia italiana. La temática principal fue la religiosa como se puede observar en uno de los mejores pintores de esta época:

El Greco (1541-1614) donde, prestando atención a figuras como Miguel Ángel en Italia, aprendió el uso de colores cálidos y la importancia de la luz. Sus figuras eran alargadas y delgadas, expresando espiritualidad y misticismo. Sus colores fueron evolucionando de cálidos a tonos más fríos e irreales; como se puede apreciar en El Expolio.

El Expolio

El Barroco dotó de realismo y expresividad en sus figuras además de continuar la línea de temas religiosos, cotidianos o mitológicos.

Uno de los primeros pintores de esta época fue José de Ribera (1591-1652), también conocido como "El Españoleto" quien, tuvo muy presente el naturalismo y el carácter religioso; también encontró un camino tenebroso y mitológico; y como la mayoría de pintores posteriores su pintura se fue transformando de luminosa y cálida a oscura y fría. Una de sus tantas obras fue La Inmaculada Concepción.




La Inmaculada Concepción



Zurbarán (1598-1664) destacó también por su pintura religiosa con gran fuerza visual y gran carga tenebrista -influenciado por Ribera- y por sus cuadros de bodegones. El uso de claroscuro hizo que le apodaran el " Caravaggio español" pero tras su visita a Madrid, donde compartió con su amigo Velázquez sus pinturas, inició un estilo propio. La visión de San Pedro Nolasco refleja claramente su temática principal.


La Visión de San Pedro Nolasco

Diego Velázquez (1599-1660) fue uno de los máximos exponentes de la pintura española y barroca; pintor de retratos con enfoque realista, empleo de perspectiva aérea, de profundidad y de contrastes de luz; que trató temas típicos de la época: religiosos, mitológicos, paisajes... Además trabajaba sin boceto por lo que solía corregir sobre la marcha e incluso años después. Al igual que Zurbarán es influenciado por el naturalismo de Caravaggio y otros pintores italianos. Uno de sus cuadros más conocidos fue La Adoración de los Reyes Magos.


La Adoración de los Reyes Magos



Uno de los últimos artistas de esta época fue Murillo (1617-1682) conocido sobre todo por sus pinturas religiosas y sus vírgenes puras, delicadas y sencillas. Su estilo fue cambiando, desde un empleo de luz uniforme y colores fríos hacia un marcado tenebrismo influenciado por Zurbarán y Ribera y acabando con un estilo vaporoso y transparente. También fue influenciado por Velázquez de quien aprendió la perspectiva aérea y el juego de contraluces. Como por ejemplo La Inmaculada Concepción.

La Inmaculada Concepción


En todas las obras anteriores la temática es religiosa y las características no varían demasiado. Por ejemplo, los cuadros de Ribera y Murillo son casi idénticos, ambos plasman una virgen utilizando colores y contrastes parecidos. También tienen similitud los colores y la luz con el de Zurbarán, siendo más oscuro el de Velázquez y el de El Greco. Sin embargo todos coinciden en la gran expresividad de las caras, el realismo y los contrates de luz; que fue lo que más caracterizó este Siglo de Oro.